¿Qué es la participación justa de beneficios?

El uso de la biodiversidad se basa en la identificación de recursos biológicos útiles: cualquier tipo de material vegetal, animal o microbiano con unidades funcionales de la herencia que tengan valor real o potencial – ya sea comercial, científico o académico.

En algunos casos, tales recursos genéticos son encontrados en bases de datos producidas por los científicos y la industria. En otros, al acercarse al conocimiento tradicional de alguna comunidad.

Antes de 1992, cualquier industria podía patentar productos desarrollados a partir del conocimiento tradicional producido por las comunidades de todo el mundo. Desde entonces, gracias al Convenio sobre la Diversidad Biológica impulsado por la Organización de las Naciones Unidas, el uso de los recursos genéticos debe tomar en cuenta “la participación justa y equitativa de los beneficios resultantes” de tal uso.

La lila india o nim, por ejemplo, fue usada por siglos en la medicina tradicional de India y Nepal como remedio contra infecciones de hongos. Pero en 1995, la compañía WR Grace patentó un producto fungicida derivado del nim. La empresa argumentaba que el conocimiento tradicional no es válido porque no está publicado en obras científicas, pero perdió la patente en 2005.

Desde la Convención sobre la Biodiversidad Biológica – que incluye dos convenios, el Protocolo de Cartagena y el Protocolo de Nagoya – se busca que todos esos actores convivan armoniosamente. Cuando hablamos de “la participación justa y equitativa de los beneficios derivados del uso y manejo de la biodiversidad”, a eso nos estamos refiriendo.